Es 12 de octubre y se celebra en Madrid el desfile militar anual, pero este año habrá un cambio. Tras el decreto aprobado in extremis, por fin se podrá sacrificar la cabra de la Legión, en honor a la Ofrenda de Isaac del Antiguo Testamento.
En medio del Paseo de la Castellana de Madrid se encuentra nuestro rey Felipe VI, frente a él una escalera plegable de aluminio. Se acercan tres legionarios, uno lleva la cabra atada, otro un órgano eléctrico en carretilla. El intérprete legionario arranca con un pasodoble que resuena por todo el paseo. Su acompañante acerca la cabra a las escaleras y la sube peldaño a peldaño hasta un pequeño cilindro en lo alto, donde el animal queda en equilibrio durante toda la canción, al menos diez minutos, mientras gira sobre sí misma.
Felipe, con rostro impasible, mira el espectáculo. Justo antes de acabar la canción entran al unísono las trompetas y cornetas de la Banda de la Guardia Real creando el clímax final. El tercer legionario saca un trabuco y dispara a la cabeza del caprino, salpicando de sangre la cara del monarca y cerrando la canción. Todos los presentes gritan:
—¡Viva España!